miércoles 19 de enero de 2011

El último lobo

"Se reía, pero no era una risa distendida, ya que estaba demasiado ocupado tratando de averiguar si existía una diferencia entre el peso de la futilidad y el desprecio y preguntándose a qué se refería todo, pues consideraba que cuanto venía irradiado por todo y de todas partes se refería de manera inalterable también a todo, y si algo se proyectaba sobre todo y desde todas partes, difícilmente podía precisarse sobre qué y desde dónde, sea como fuere, no era esa una risa surgida del corazón, puesto que la futilidad y el desprecio le oprimían los días, no hacía nada, nada en absoluto..."

Leído en "El último lobo", de László Krasznahorkia, Fundación Ortega Muñoz.