"Se reía, pero no era una risa distendida, ya que estaba demasiado ocupado tratando de averiguar si existía una diferencia entre el peso de la futilidad y el desprecio y preguntándose a qué se refería todo, pues consideraba que cuanto venía irradiado por todo y de todas partes se refería de manera inalterable también a todo, y si algo se proyectaba sobre todo y desde todas partes, difícilmente podía precisarse sobre qué y desde dónde, sea como fuere, no era esa una risa surgida del corazón, puesto que la futilidad y el desprecio le oprimían los días, no hacía nada, nada en absoluto..." Leído en "El último lobo", de László Krasznahorkia, Fundación Ortega Muñoz.
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